Desafíos del derecho


Legislar, ejercer y juzgar lo que no se entiende

Como mencionaba en mi artículo anterior, empezó la 4ta revolución industrial. Esta tiene una particularidad: serán cambios exponenciales y con muchas tecnologías que convergerán entre sí, generando una velocidad de cambios que no podemos imaginarnos.

Los abogados argentinos no estamos listos. Los jueces tampoco. El sistema legal mucho menos.

Cuando se empieza a buscar en distintos ámbitos quienes están pensando el futuro en el ámbito legal, poco se encuentra en relación a inteligencia artificial, robótica, realidad virtual o aumentada, autos autónomos u otros. Hay proyectos espectaculares, como Prometea, y pocos más.

Es más fácil encontrar artículos sobre nuevas tecnologías y su relación con el derecho escritos por profesionales de otros ámbitos que pueden empezar a vislumbrar como los cambios en los que trabajan afectan al derecho, que al revés. Los invito a que busquen en universidades públicas y privadas de derecho, o en los cursos de capacitación del colegio de abogados, cuántos cursos, diplomaturas o posgrados encuentran que intenten capacitar en estos asuntos.

El trabajo que se hizo desde ASEA para lograr la ley de emprendedores entre otras políticas públicas es importante en este sentido. Pero apunta más a crear, apuntalar y hacer crecer un ecosistema de emprendedores. Fundamental.

¿Está listo el sistema legal, sus jueces y abogados para entender los avances que esos emprendedores traen? Los abogados tenemos que capacitarnos masivamente. Todos. Los que legislan, ejercen y juzgan. Preguntarnos: ¿Cuánto entiendo hoy de inteligencia artificial, big data, robótica, realidad virtual, impresiones 3D, y blockchain?

No tenemos que ser programadores, ni tener una wallet con bitcoins, pero sí entender de qué se trata. Y si seguimos creyendo que todo llega más tarde, o que tenemos problemas mucho más urgentes, nos tendríamos que despertar.

En una clase de mi diplomatura de la Universidad Austral, relativa a cibercrimen, el Dr. Del Carril dijo algo que me quedó grabado: Internet es un lugar. Su referencia estaba vinculada a escenas del crimen digital, y los delitos que ocurren en otro espacio distinto en el cual vivimos. Y es verdad. Los límites entre el mundo “real”, y el digital se van difuminando.

Y si quieren entender o ampliar los límites de lo que creemos que sabemos, consideren el término Spatial Web.

Hay un enorme camino que recorrer para modernizar el derecho argentino, que no pasa únicamente por la esencial e increíblemente aún no conseguida digitalización de los procesos judiciales. Tenemos que ser conscientes que el derecho puede ser una peligrosa barrera de entrada para tecnologías y un freno a la innovación.

El no regular un derecho, una actividad, una nueva vinculación entre hombres y máquinas, la autonomía de estas u otros tantos sistemas puede parecer una buena idea para los que querríamos que Argentina adopte esta revolución y no sea un mero espectador. Pero no decir nada, en términos legales, implica dejar lugar a que quienes consideran el futuro como una amenaza, usen viejas categorías para frenar lo nuevo.

Siempre la tecnología rompe barreras y en ese camino ataca intereses. Y deben existir pocos países en el mundo con tantas trabas para los negocios, y tantas protecciones corporativistas. Los intereses de muchos se verán tocados. Y si aprendemos algo de las experiencias de Uber, Rappi o Glovo, es que será mejor que rompamos esas barreras legales en forma expresa, y preferentemente anticipada.

Preparemos a Argentina para la revolución. Pero antes entendamos de qué se trata.

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